Cinco señales para no postergar un chequeo cardiológico

Falta de aire, palpitaciones, dolor en el pecho, hinchazón y cansancio desproporcionado: cuándo consultar a cardiología.

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Cinco señales para no postergar un chequeo cardiológico

Postergar el chequeo cardiológico es uno de los hábitos más caros de la salud argentina: se consulta cuando el síntoma ya interrumpió la rutina, y ahí el margen de acción es menor. Hay señales concretas que conviene tomar en serio en vez de esperar a que pasen solas.

La primera es la falta de aire al hacer esfuerzos que antes no costaban —subir un piso de escalera, caminar apurado—. La segunda son las palpitaciones sostenidas, ese "salto" del corazón que dura más de unos segundos y se repite. La tercera es el dolor u opresión en el pecho, aunque sea leve y se vaya solo: nunca es un síntoma para minimizar. La cuarta es la hinchazón en tobillos y piernas hacia el final del día, que puede indicar que el corazón está bombeando con más esfuerzo del necesario. La quinta, menos conocida, es el cansancio desproporcionado a la actividad que se hizo.

Ninguna de estas señales confirma un diagnóstico por sí sola, pero juntas o sostenidas en el tiempo justifican una consulta con cardiología, que en nuestra clínica incluye electrocardiograma en el mismo turno si hace falta. Los controles de rutina —sin ningún síntoma— también tienen su lugar: a partir de los 40 años, o antes si hay antecedentes familiares de hipertensión o infarto, un chequeo cardiológico anual es la manera más simple de adelantarse al problema en vez de reaccionar a él.

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